EL
CULTO A LA VIRGEN MARIA.-
La
actitud de los cristianos hacia María se traduce en diferentes formas de culto,
mediante un amor ardiente y un cariño especial hacia María al considerarla
como madre nuestra por ser Madre de la Iglesia; mediante veneración al
considerar su singular dignidad por obra del Espíritu de Dios; mediante una
gran admiración al ser María la imagen pura y todo lo que la Iglesia desea
ser. Así, el culto a la Virgen María no puede quedar al margen de la
espiritualidad cristiana ya que su conducta puede y debe ser tomada como espejo
de las esperanzas de los cristianos y de la humanidad, pues Ella acogió la
palabra de Dios, la puso en práctica con humildad, caridad y espíritu de
servicio.
Desde
el Génesis hasta el Apocalipsis existen indudables referencias a la
Madre del Salvador. La espiritualidad cristiana tiende a dar una dimensión
bíblica a toda forma de culto, y el culto a la Virgen no queda al
margen de esta tendencia.
La
Virgen ha sido siempre propuesta por al Iglesia como modelo a imitar, no
ya por el tipo de vida que llevó, sino porque acogió la Palabra de
Dios y la puso en práctica, porque siendo la primera discípula de
Cristo así lo demostró con su conducta de constante servicio y
caridad.
La
devoción mariana se refleja también en el anhelo por el
restablecimiento de la unidad de los cristianos. Los fieles de la
Iglesia Católica se unen a los de la Iglesia Ortodoxa en su devoción a
la Virgen a la que veneran con un profundo amor. También se unen a los
anglicanos y a los hermanos de las iglesias Reformadas que destacan la
importancia de la Virgen en la vida de los cristianos. Así, muchos
cristianos, piden frecuentemente a María que interceda ante su Hijo por
la unión de todos los bautizados en un solo pueblo de Dios. Curiosamente
en el Corán se habla también de la Virgen María y hay musulmanes que
la veneran y visitan sus Santuarios.
Hay
un acompañamiento y unión íntima de María con su Hijo desde la
anunciación hasta la muerte y resurrección de Jesús, no solamente
como madre, sino como partícipe y seguidora en el mensaje de salvación
de Jesús a la humanidad. Por esto el culto de los cristianos dirigido
al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, se extiende en cierta forma a
la Madre de Dios que ha sufrido con Cristo y que con Él ha sido
glorificada.