Agrupación Santo Rosario

JesuCristo

  Inicio > Nuestro Señor Jesucristo

 

Inicio

 

Jesús Hombre

 

Jesús Hijo de Dios

 

Cristología

 

Jesús Resucitado

 

Inicio

 

Qué nos dicen las enciclopedias sobre Jesús.-

Jesús de Nazaret, llamado también Cristo o Jesucristo, es la figura central de las religiones denominadas cristianas, que establecen como dogma de fe que es el hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad hecha hombre. Según los evangelios canónicos nació de María en Belén (Judá), el 747 de la fundación de Roma. Su padre adoptivo fue José de la estirpe del rey David. Alrededor de los 30 años de edad, se hizo bautizar por Juan el Bautista en el río Jordán e inició su vida pública. De su vida anterior se conoce poco. Uno de sus discípulos, Judas Iscariote, le entregó a la autoridad religiosa (Anás y Caifás), que lo entregó al gobernador romano Poncio Pilatos. Presionado y temeroso, éste lo hizo azotar, coronar de espinas y crucificar en el Gólgota, donde murió. Según las creencias religiosas de los cristianos, Jesús redimió con su muerte al género humano y resucitó al tercer día después de su muerte, lo que consideran la justificación de la creencia en la vida eterna. Tras confirmar a Pedro, uno de sus discípulos, como primado se elevó al cielo. Las alusiones históricas a su vida son escasas. Flavio Josefo lo menciona; Plinio el Joven habla de los cristianos que adoran a "Cristo"; Tácito da la noticia de su muerte; Suetonio habla de un Cristo que amotinó a los judíos de Roma. Su doctrina, basada en el amor a Dios y al prójimo, es más accesible que su vida, ya que las primitivas comunidades cristianas se interesaban más por sus enseñanzas que por su biografía. La recopilación de textos que formaron la Biblia, profetizan sobre Jesús y hablan de su vida pública y enseñanzas. El Islam lo considera uno de sus profetas más importantes y es uno de los personajes que han ejercido una mayor influencia en la cultura occidental.

Cómo vemos los cristianos a Jesús.-

Efectivamente, para los cristianos, lo más importante de Jesús no es su biografía sino su enseñanza. Esta enseñanza nos llega a través de los artífices de los libros que componen el Nuevo Testamento.

Jesús es el Hijo de Dios y en Él se cumplen las profecías del Antiguo Testamento. Jesús es amor porque Dios es amor, pero no un amor abstracto, es el amor que se convierte en obras. Jesús nos debe llevar al reconocimiento práctico de Dios. Y ¿qué es el reconocimiento práctico de Dios?. Algunos creyentes ven a Dios solamente como un Ente lejano de nuestras vidas cotidianas que decide sobre el destino del universo y de las personas y que nos juzga al pasar a la otra vida para salvarnos o condenarnos; es un Dios con el que tenemos que llevarnos bien por miedo al castigo. Sin embargo, ya desde el Antiguo Testamento, se nos deja ver que Dios quiere obras de amor con nuestros semejantes más que sacrificios inútiles. Con la venida de Jesucristo se nos muestra más claramente este reconocimiento práctico de Dios, reconocimiento práctico que hasta el refranero nos apunta: “obras son amores y no buenas razones”, y en esto es donde Jesús insiste constantemente: “No todos los que dicen Señor, Señor entrarán en el reino de los cielos, sino solo los que hacen la voluntad de mi Padre celestial”, “amaos los unos a los otros como Yo os he amado”… Jesús se refiere al amor que se demuestra en la entrega, en el compartir.

     Cuando incorporamos a nuestra vida al Dios cercano de que nos habla Jesús, el Dios del amor, de la justicia y de la paz, y lo hacemos formar parte de todas las actividades de nuestra vida, desde las más importantes hasta las más cotidianas, entonces hemos asumido el reconocimiento práctico de Dios que constantemente nos motiva para actuar en consecuencia; el Espíritu de Dios actuará a través de nosotros, viendo nosotros las cosas con los mismos ojos con que las ve Jesús. Así, no podemos quedar impasibles ante la injusticia, ante la guerra, ante la indigencia, ante el dolor, ante todo lo que hace sufrir a los más próximos y al resto de la humanidad.

     Desde el Antiguo Testamento hasta nuestros días, Dios siempre ha querido recuperar a la humanidad para que pueda disfrutar de la vida eterna. Así fue preparando a su pueblo a través de los profetas, hasta llegar a encarnarse en Jesús, que muere y resucita para siempre, dejando su ejemplo de vida y su palabra que es la palabra de Dios. La resurrección de Jesús es la culminación de la promesa de Dios a la humanidad, pues estamos hechos para resucitar y vivir una vida plena con nuestro Padre.


     Todo el que sigue a Jesús, da luz a lo que hay a su alrededor. Es la acción del Espíritu de Dios lo que hace que esa fidelidad del ser humano a Cristo se traduzca en un impulso hacia la transformación personal e influencia en su entorno.


     Para el discípulo de Jesús, todas las actividades humanas y en todas las circunstancias de la vida: en el trabajo, en la familia, en la comunidad, van teniendo como meta que el Reino de Dios en este mundo sea una realidad. Todas las acciones que parten de la coherencia con la propia conciencia se encaminan hacia el bien, porque Jesús, como encarnación del bien supremo, atrae a todo hacia Sí; por ello, aun los no creyentes, al hacer el bien están construyendo el Reino de Dios.


     Todo el que tiene fe y sigue a Jesús imitando su ejemplo de vida, siempre está lleno de paz y de amor, aún en los peores momentos, porque es Dios quien le da fuerza y le sostiene: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” , dice el Salmo.


     Debemos estar firmemente convencidos de que el servicio a los demás, la caridad, la esperanza y sobre todo el amor, que Jesús nos enseña, es el único camino capaz de llevar a esta sociedad a buen puerto; porque todo se ha intentado ya en los cientos de años de historia de nuestra civilización; las estructuras sociales y políticas basadas en el poder no han hecho de este mundo el Reino de Dios; solo la transformación personal de los individuos que forman el entramado de la sociedad conseguirá un mundo de paz y justicia verdadera; y que mayor y mejor transformación que la de poner a Cristo como ejemplo perpetuo a seguir en nuestras vidas.
 


Compartir